oito
Me conecto desde el baño de casa y escucho Sabina con la toalla sobre las rodillas. Es domingo por la tarde y anoche me fui a beber palomas y bailar chunda-chunda-chunda porque te habías marchado por la mañana y no puedo permitirme el lujo de mirar D.F. desde el salón y ponerme triste.
“Dormía del tirón cada vez que encontraba una cama…”. El Sabina joven que seguro viaja de litera en litera y mochila cutre al hombro. Yo me marcho a N.Y., eso parece, con toda la incertidumbre que me crean los aeropuertos.
Llevo seis meses aquí. Hora de ir contando cosas.












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