Las catástrofes

por carracuca

Una catástrofe es un comercial que llama a tu puerta vendiendo enciclopedias. El pitido de la olla a presión una mañana de sábado (temperatura media: 16ºC).  Se acerca la catástrofe por las tardes, en horario de trabajo, como quien coge el Metro, y te puede asaltar en cualquier sitio: la parada del bus, la panadería, una conversación sobre el tiempo. Pintarse las uñas, algunos lunes a media mañana, es una pequeña catástrofe incalculable: saltan las alarmas, te deja de latir el corazón. Ni la canción más ñoña del mundo resuelve la catástrofe que ves -por un ventanuco- que se avecina.

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