Morirte esperando un taxi

por carracuca

con los puños apretados, el pelo largo que chorrea por la lluvia, una carpeta con facturas en el bolso. Morirte esperando un taxi, como los que esperan las protagonistas con dinero de las películas, sin gato y sin callejón de ladrillos, pero con un travelling fantástico que arranca con una de Radiohead en tus cascos. O morirte conduciendo una bici en una de las ciudades más emocionantes del mundo. Como hiciste tú, que nos dejaste perplejos, enfadados, acordándonos de las tardes de no hacer nada, de las hileras de casas de ladrillo. ¿Dónde se fueron los travelling? ¿Por qué en esta ciudad no hay hileras de casas de ladrillo?

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