L5

por carracuca

Se sientan en los andenes (en esos bancos en disputa entre señora con bolsa y botellón de viernes) y no llevan palillo entre los dientes porque en las ciudades grandes no hay tiempo para jugar a las cartas, supongo. Repasan a las mujeres que pasan, pero no suelen decir nada. La cuestión no es molestar. Guiñan un ojo y (creo yo) piensan en la tortilla francesa de la cena.

Los jubilados en el Metro, me parece a mí, sonríen poco. Como si doliera.

(Escrito de Gran Vía a Alonso Martínez)

Anuncios