DF

por carracuca

Un ciclón que se acerca imparable, una fiebre, un pequeño terremoto que deja la mesilla de noche temblando y un rastro de galletas rotas hasta el sofá. Sabor a almendras y a un cianuro incierto que siempre puede esperarte en el yogur.

Por la mañana, cuando te levantas, abandonas la almohada y todas esas certezas que se colaban por la ventana. Trinan pájaros. Pitan coches. Y en el felpudo palpita toda una ciudad atronando sus cristales.

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