por carracuca

[…] -¿Entrevista? ¿Por qué no entrevistas a la princesa Lady Di?
-Me gusta más usted.
-Mira, neniño, no estoy para charlas. Tengo que trabajar la tierra, alimentar a los animales, hacer la comida…
-¿Qué va a hacer de comer?
-Pollo. Pollo y patatas.
-¿El pollo es de casa?
-¡Claro!
-¿Lo mató usted?
-No. Yo no soy capaz. Me da pena. También los corderos me dan pena. Lo mató mi hijo. Le hace un corte aquí, por el cuello, y ya está… Además, ¿a quién le importa quién mató el pollo?
-¿Comen marisco?
-Croques sí. Almejas, no. Con lo que te dan  por un kilo de almejas puedes comprar cosas más necesarias.
Miro sus orejas agujereadas, el lugar de los pendientes. No sé por qué, pregunto: ¿Hay algún regalo que recuerde con especial cariño?
-Nunca me han regalado nada, ¿terminamos?
-Espere. Sólo una pregunta. ¿Le cuenta cuentos a su nieta para dormirla?
(¡Bien! He conseguido que sonría y le brillen los ojos).
-No. Es ella quien me los cuenta a mí y me duerme. Tiene cinco años. Se llama Duvinila…

Nunca te metas con las mariscadoras de Vigo (Manuel Rivas)

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