por carracuca

¿Te acuerdas?

Cuando volvías de campamento y el mantra era: No me quiero olvidar de nada.

Aún tengo las carpetas llenas de rotulador. Te quiero, no me olvides, para siempre, sois los mejores. Profusión de mayúsculas. El último día siempre llorabas, y llegabas a casa con los ojos hinchados y costra en la nariz, y después dormías trece horas.

No me quiero olvidar de nada.

Luego llegaban las cartas. Una vez, de Navarra, me mandaron un casete de Aqua y una foto de estudio.

También tenía pulseras.

¿Te acuerdas de aquellas gomas empapadas en colonia que te ponías en la muñeca? Se conservaba el olor por meses.

No me quiero olvidar de nada.

Tuve amigas por correspondencia durante años. Nos contábamos secretos y decorábamos los sobres. Yo siempre tardaba semanas en comprar los sellos.

Las guardé todas.

Me inventé nombres en clave para todo el mundo.

Ahora sé que al volver se me agarraba algo a la garganta y, al fondo, podía ver.

Y pensaba: cuando todo esto acabe no me quiero olvidar de nada.

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